Tiempo de matar

Durante varios veranos, el terror se adueña de los residentes de Georgia cuando las temperaturas ascien-den y el termómetro alcanza los cuarenta grados, porque con el implacable calor llega también un cruel asesino. En cada ocasión secuestra a dos muchachas y espera a que se descubra el primer cadáver: en él se hallan todas las pistas para encontrar a la segunda víctima, abocada a una muerte lenta pero certera. La policía nunca consigue llegar a tiempo y los cuerpos siempre se recuperan meses después, en lugares remotos y aislados. Tras tres años de inactividad, llega a Atlanta una fuerte ola de calor: es tiempo de matar... Y será Kimberly Quincy, estudiante de la Academia del fbi, quien tropiece con la primera víctima. Comienza la cuenta atrás.

Una débil brisa mecía los húmedos y pesados árboles y se oía el susurro
distante de una ardilla o un pájaro rebuscando entre un montón de hojas secas.
—Mis padres deben de estar preocupados —dijo de pronto Nora Ray—. Mi
madre.